martes, 29 de enero de 2008

Carta de ISAÍAS GAMBOA

“Noviembre 2, 1903.
Mi princesa:
Ya que apenas nos vemos, un consuelo siquiera es que me escribas. No te puedes figurar el contento que me trae cada carta tuya. Tú me has transformado. Princesa: eres una maga encantadora que ha vertido en mi ser el dulce veneno que trastorna y enloquece y hace feliz, cuando no mata. Dime ¿padeces tú la misma deliciosa enfermedad? No sientes tú que amas la vida y a veces tienes desfallecimientos de muerte? Esto es amor ¡oh amada! Geniecillo invencible, con el cual quise luchar inútilmente, no sé por qué. Pero él desde tus ojos me disparaba sus flechas sutiles que venían a clavarse en mi pecho: él era tentación en tus labios; poesía en tus palabras y en tu espíritu; gracia en todo tu ser. Yo te buscaba y te evitaba: recuerdas? Pero mi alma se iba en pos de ti. Esto era lo que tú sabías hace tiempo. Después, una mañana, al pasar por tu balcón, el verte tan linda como esa misma mañana primaveral, el recibir de ti una flor, roja como tus labios – todo eso rompió la nieve e hizo brotar el fuego que ardía adentro. Hace pocos días ¿no es cierto? Y sin embargo, estos pocos días tienen mayor significación que los dos años que he vivido en Chile, nostálgico, solo, aislado en mi melancolía, como un ave adusta que se refugia en un peñasco. Tú has producido un sacudimiento en mi existencia; te entraste en ella como un rayo de sol en una cárcel; has pronunciado las palabras de la felicidad, y la luz interior se ha hecho en mí. ¡Triunfadora del dolor y del destino, cuánto te amo! Te amo! Es para ti este poema de dos palabras; poema que es música, luz, armonía; es un perfume, un anhelo, una emoción sin nombre; es a la vez dominio y esclavitud; caricia que se da y se recibe; una promesa y una confirmación; canto del que espera; plegaria del que adora… es todo el corazón, toda la vida! Si pudiera decirte este poema a ti directamente en secreto, y oírlo de tus labios! ¿Cuándo será? En que jardín lleno de perfumes y rumores? ¿En qué hora crepuscular, o en qué noche de luna? Ah! ¿qué es lo que se opone a nuestra dicha? ¿Por qué no te veo? ¿Por qué nos hacen sufrir?
Escríbeme, ¿Sabes? – escribe tus impresiones diariamente, en un pequeño libro que algún día yo lea, como tú leerás el mío. Y en tus cartas copia fragmentos de ese diario, y yo te mandaré versos para ti solita, para nadie más.
Deseas un libro: he de enviarte varios, y sobre esto te escribiré otra carta.

Adiós, princesa mía."

No hay comentarios: